Sobre Corell

Sobre Corell

Hablar de Paco Corell es hablar del escultor,
del tiempo robado para crear espacio,
del herrero moderno que itinerarios forja
con una escueta plancha de hierro.

La Historia es cruel con los creadores,
El tiempo es cruel con los creadores.

Recuerdo una de las primeras etapas de Paco Corell, a principios de la democracia, en la que se fijó en los “Instrumentos de Tortura”. Su inquietud se depositó en los objetos que hablaban a sus congéneres de la forma más ruin que el pensamiento concebía. Su disgusto, su rabia manifiesta quedó labrada para siempre en el hierro con que se formó.

Paco, continuó creando desde la geometría,
la arista que se desborda,
el arco que se desprende,
el vacío como abismo
el plano que se desdobla.

El lápiz, el grafito, el blanco del papel que tiembla,
una regla, un compás, un diámetro que no quiere ser circunferencia,
una cintura, un cartabón, una peana, el óxido que se alimenta, el mango que avisa, el cuerpo de un instrumento de cuerda sin cuerda.

Instrumentos musicales, Paco Corell se asoma a la música para ofrecernos música, escultura y música, acero y música, texturas y música. Poesía.

La cuerda percutida, pulsada desde su plano ancestral, La textura del sonido en el acero, el vibrato del aire a su alrededor, temblor del espacio que deviene son. La fortaleza del hierro transmutada en delicado instrumento.

Si sobrios y abstemios permanecemos,
¿de qué vino estamos bebiendo
para embriagarnos con estos instrumentos?

La meticulosidad de las formas, su medida, el metro que corta, que afila aristas y en la atmósfera se vuelven romas, que enjuaga distancias y arpegios, que sabe de bordones y quejidos, que acumula miradas, sonidos ancestrales, acertijos, una guitarra que llora doblándose en sus quejidos, un laúd esbelto que se pretende torre y sonido, mandolinas de acero forjado, doblando saetas, martinetes, malabarismos, cantares de antaño bruñidos, lugares donde la meditación entra en trance y se mutila, donde la imaginación se suelta y se respira.

Paco Corell nos participa de su santuario de la música, gótico ojival que resucita, arbotantes sin plañideras, proporciones rigurosas, concesiones de acero que meditan, confesiones sin claustros, desafíos sin sacristías. La armonía de su mano sabia, sinfonías de planos altos, pentagramas manuscritos en la mirada, cosidos a la caja para que suene a hierro, Blancas, corcheas. Da capo, siempre da capo. Una redonda, una lira empeñada en subirse a la azotea, en el mástil, un estribillo, la clave se pretende eco de Paco Corell. De la música. De sus instrumentos forjados en el empeño de su taller y su hierro.

Bayarri de la Paz. Pintor